The buddhist temples of Pier 8

Song: Promised Land by Findlay Brown.

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De última hora, descubrimos que se podía llegar en barco al barrio central de Bangkok, el Phra Nalhon. Navegar el río Chao Phraya es aún una forma consuetudinaria de transportarse en la ciudad, para los locales y foráneos.

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Del muelle 1 al muelle 8. Un muchacho saltó del barco para amarrar el navío a tierra firme, con una cuerda gruesa y resistente, casi umbilical.

Descendimos del barco y caminamos un poco. Los ambulantes te quieren vender a gritos hasta lo no que ni es suyo, y siempre con el afán fraudulento de verte la cara.

– Guapo, Guapo.
– Ah mira ya ligué.

En realidad lo que el tipo decía era Wat Pho, un templo budista que estaba a unos metros de distancia.

– Tienes que quitarte los tenis para entrar.

El templo consta de techos brillantes, destellos de sol, con torres afiladas que rasguñan el cielo, y más de mil imágenes de Buda.

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El titánico “Buda Reclinado” es un bodoque de 46 metros desparramado con su cuerpo dorado al interno de un recinto. Es avasallador.

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– Míralo cómo “chilea” de lo lindo.
– Las ventajas de tener un séquito de millones de fans.

Después de deambular por el templo amurallado, partimos hacia el Gran Palacio. Residencia de los reyes hasta 1932 con la abolición de la monarquía absoluta, es ahora un museo y un complejo que alberga algunas oficinas reales y ceremonias especiales.

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La taquilla.

– 16 dólares, está carísmo de París.
– Sí, eso es una noche en un hotel de lujo aquí.

Nos rehusamos pues a pagar semejante cantidad, así que recorrimos los accesos y espacios gratuitos.

A dos calles de ahí, nos topamos con la Universidad Mahachulalongkornrajavidyalaya o MCU – mejor MCU- una de dos universidades públicas para Budistas en Tailandia.

Mientras recorríamos la universidad, un hombre muy gentil, con esos bigotes erectos con cera en las puntas, se nos acercó y platicó algunas cosas. Según él no quería dinero, pero cuando decidimos irnos, se alebrestó.

– Fuck you, fuck you! Nos gritaba mientras agitaba su dedo medio en rigor mortis.
– Que Buda lo perdone, porque yo no puedo.

Proseguimos nuestro andar para ir a conocer dos calles célebres por la intensa vida nocturna: Khao San y Soi Rambuttri. Fuimos de día porque durante el viaje hemos andado “abueleando” duro, y seguramente nos íbamos a ir a la cama temprano.

Nos tomamos una cerveza en Soi Rambuttri, mientras investigábamos cómo llegar al mercado flotante de Tailing Chan.

– Micro 79 vámonos.

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Después de 45 segundos en el camión nos tuvimos que bajar. El puente estaba en obra y era imposible llegar. La solución parecía ser un tuk tuk.

– ¿Cuánto?
– 300 bahts (10 dólares)
– Va.

Aceptamos considerando que otro Tuk Tuk, minutos antes nos quería cobrar 500 bahts. Pagamos por adelantado.

El tipo nos llevó a 5 cuadras de ahí a un muelle, donde nos dijeron que el mercado abría sólo los fines de semana y que no nos podían llevar. El Tuk Tuk se quedó con 100 bahts a la fuerza, y nosotros nos quedamos con malhumor e impotencia.

Pero Bangkok se encargaría de redimir la desvergüenza de sus taxistas, y pondría en nuestro camino un mercado de flores naranjas, y frutas raras y enormes, como huevos de dragones.

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Compramos dulces típicos y comimos Pad Thai en un restaurante diminuto, con su cocinera anciana de 300 años.

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Lo último que nos faltaba por visitar estaba del otro lado del río. Atravesamos por el Puente Real y caminamos por un paseo peatonal a orillas del Chao Phray.

Dos templos se cruzaron en nuestro camino, uno muy parecido al Wat Pho pero en pequeña escala, y el segundo un templo blanco, inmaculado, donde jugueteaban unos monjes pueriles y practicaban sus cantos de memoria.

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– Quiero mi túnica naranja, ¿por qué no la venden en ningún lado?

Wat Arun, el templo del amanecer.

El tempo budista tiene una torre de 82 metros con mosaicos y ornamentos florales de porcelana china. Y se puede escalar subiendo por las escaleras más vertiginosas que haya visto en mi vida.

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Llegamos a la cima.

– Cometí el error de voltear hacia abajo.
– Yo ya me fregué, me quedo a vivir aquí arriba.

Las nubes por fin cedieron, y se dieron en lluvia abundante. Cruzamos el río apenas a tiempo, y cuando la tormenta amainó aprovechamos para tomar el barco hacia el muelle 1, de regreso al hotel.

Ahora a cenar rico y dormir bien. Mañana nos faltan algunas cosas por visitar, y después tenemos un vuelo al sur de Tailandia.

¿El rumbo? Las mejores playas de este lado del mundo.

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