The Symphony Orchestra Concert of the Rainforest

Song: The Young Person’s Guide to the Orchestra, Op. 34: Themes A.-F, by Benjamin Britten.

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Desayuno. Lavandería. Renta de scooter, en el mismo lugar, la misma moto del otro día.

Ruta de dos playas, y luego la improvisación.

– Nos dieron el tanque casi vacío güey.

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Tomamos un camino alternativo, entre pequeñas casas y palmeras. Atravesamos el río Son.

Primera playa. Klong Muang. El mar lleno de barcos -y un niño-pesqueros. La arena con arte crustáceo, figuras trazadas con bolitas de arena moldeadas por los cangrejos.

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Agua azul sueño y una canción, el devenir constante de las olas.

– Alguien debería grabar este sonido y reproducirlo a la hora de querer conciliar el sueño.

Segunda playa. Tubkaak. Nos refugiamos aquí unos instantes mientras se pasaba la lluvia que comenzaba a caer. Conversábamos con unos franceses un poco antipáticos. Dejó de llover. Proseguimos.

– Esos franceses eran unos caras duras.
– Têtes de baguette!

Topamos al final de la carretera con algo que parecía guardia forestal y una tiendita. Ya habíamos dado vuelta en “u” cuando la doña de la tiendita nos preguntó que si no íbamos a explorar la selva, que había una vista espectacular desde la cima.

Estacionamos la moto, nos quitamos los cascos. Le compramos dos botellas de agua a la doña.

Tab Kak Hang Nak Hill Nature Trail. 3.7 kilómetros de caminata serrana no parecían tanto de primera instancia.

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– Esto es como el inicio de un documental.
– En el episodio de hoy, la selva tropical de Tailandia.

Empieza plano, terreno lodoso, un pozo de agua donde niños chapotean y gritan emocionados.

El sendero hacia la cima, entre natural y humano, es estrecho e inclinado. El trayecto está dividido en estaciones temáticas de acuerdo al contexto biológico predominante.

La estación de las plantas trepadoras, la estación de las termitas, la estación de los hongos y de las plantas prehistóricas. Así de estación en estación la naturaleza de las cosas cambia, los sonidos, la tierra, el olor, los reinos taxonómicos de las plantas, los animales y el fungi.

Inicia el concierto de la orquesta sinfónica de la selva. Grillos de alas vibrantes, ramas que crujen, viento que corre entre los árboles, el riachuelo, y otro viento que imita el sonido del riachuelo, aves solistas, insectos con ecualizadores alienígenas, las gotas de lluvia sin fin, percusiones sobre las hojas, los relámpagos celestes. Se intercalan los movimientos verticales, allegro, adagio, allegro, en in crescendo, hasta il gran finale, cuando llegas a la cima. Termina el concierto de la orquesta sinfónica de la selva.

Todo a la vista es vida . Árboles rojos y verdes, plantas diversas y flores multicolor. Las raíces descubiertas por la erosión sirven de escalones.Los hongos crecen en la superficie de los troncos.

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Los reptiles se camuflan en las cortezas, y corren sobre las ramas secas, con su alimento colgando de su boca.

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Las hormigas y las termitas transitan ordenadas por el suelo, transportando mercancías diminutas. Las arañas construyen telarañas invisibles entre las ramas que se nos adhieren a la cara.

– A ver, pásame esa varita.

Arturo sacudía ese pedazo de rama frente a él, como si fuera un ciego explorando el mundo con su bastón.

A mitad del camino, comenzó la lluvia nuevamente. No la veíamos, sólo escuchábamos los truenos distantes y el golpeteo de las gotas sobre las testas de los árboles más altos. Estamos a salvo, la luz del sol apenas logra filtrarse por los vericuetos del follaje, la lluvia aún menos.

Agua estancada en todas las superficies. Rocío en las hojas y en los troncos partidos. Otras hojas, vencidas, fusiladas por las gotas frías, caen balanceándose en el viento como plumas.

– Me fascina ese olor a tierra mojada.

Llegamos a una cascada. Estábamos sudados y acalorados. Nos quedamos contemplando la caída del agua, entre que sí y no.

– Hace mucho tiempo aprendí a no pensar dos veces las cosas.
– Bueno, con tu permiso.

Fresco. El agua fría, es el mejor estimulante.

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Después de una hora y media de camino logramos llegar a la cima, el lodo y la superficie arenosa habían desaparecido. Ahora sólo había rocas y musgo.

Las nubes y la neblina cohabitan en el ecosistema celeste. Poca visibilidad pero lo suficiente para inmortalizar el momento en el iPhone y en la memoria. Retiniano.

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El descenso fue más rápido y divertido. Saltábamos desniveles apoyándonos en la raíces y aferrando troncos delgados con las manos, que al sacudirlos, salpicaban el agua refugiada en los limbos de las hojas.

Salimos de la reserva y nos montamos en el scooter. Comimos en Tubkaak: Camarones, pescado y arroz.

Volvimos al hotel con el físico mermado. Ducha caliente. Reposo de un par de horas.

Ya en la noche, batido de frutas, mango y piña, y a planear lo del día siguiente. Ayer Leonardo DiCaprio mañana James Bond.

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