A series of (un)fortunate events in Yangon

Song: We are the Champions by Queen.

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Teníamos que estar a las 9 am en la Embajada Real de Tailandia. Al parecer necesitábamos una Visa de Tránsito por las irrisorias 4 horas que pasaríamos en el aeropuerto internacional de Bangkok, antes de volar a Hong Kong.

Habíamos geo-localizado la embajada con Google Maps. Estaba a unos 10 kilómetros al norte de Yangón.

Tomamos un autobús, el 51 (los números aquí están en birmano, no en griego, ni romano) así que un señor con barba de cabra senil nos hizo de intérprete.

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Entre el tráfico y lo alejado de la ubicación, llegamos 5 minutos antes de la hora de apertura. Inflados de orgullo por haber utilizado los medios públicos una vez más con éxito. Pero aquí empezaba la serie de eventos desafortunados.

La embajada no estaba ahí. La avenida era la correcta, pero al verificar nuevamente en Google Maps la embajada quedaba sólo a 3 kilómetros del hotel.

– Bueno al menos llegamos donde queríamos llegar.
– Más bien llegamos donde pensamos que queríamos llegar.

Tomamos pues un taxi de regreso por la avenida Pyay. La menudez de un taxi comparada con la de un microbús permitía movimientos más dinámicos y escurridizos por el embotellamiento vehicular.

Llegamos a la embajada a las 9.30. Una fila enorme de personas esperaba afuera. Ingresamos a pedir información. Al parecer se repartían turnos desde temprano y los del lunes ya estaban extintos. Pánico. La visa tarda un día hábil (working day, la habilidad diurna no tiene ningún sentido), nosotros volamos el miércoles temprano, y por lo tanto era indiscutible poder recoger la visa el martes, sí o sí.

– Ya nos la pelamos.

El único remedio aparente era escribir un email a la cónsul explicando la situación, y suplicarle de manera epistolar el aceleramiento burocrático para la aprobación y expedición de nuestras visas. Esperamos tres horas sin respuesta.

Además en la página de internet decía que eran $35 dólares americanos por persona, e in situ solicitaban $40. Búsqueda frenética en la calle por una casa de cambio mientras Arturo revisaba su iPhone esperando la respuesta de la cónsul por lapsos de 5 minutos, sin éxito.

Decidimos entonces ir al aeropuerto, y ver si nuestro vuelo podía ser cambiado por uno directo a Hong Kong o en su defecto haciendo alguna otra escala en alguna otra ciudad de algún otro país.

Tomamos un microbús que nos llevó kilómetros al norte de la ciudad, luego caminamos otro gran tramo hasta el aeropuerto. Encontramos la oficina de AirAsia.

– Lo sentimos. Sólo se pueden hacer cambios y cancelaciones 48 horas antes de su viaje.

Tendríamos que comprar otro vuelo y perder casi 200 dólares. Además AirAsia no tenía vuelos directos a Hong Kong ni otra escala que non fuera Bangkok. Y entonces, pasó lo inesperado (más bien lo más esperado, pero descartado por el pesimismo).

– Esperen, ustedes no necesitan visa porque el destino final del vuelo es Hong Kong.
– A ver repita eso.

Abracé a Arturo en un impulso de alivio y felicidad. Todos los hechos desafortunados nos habían llevado a la mejor solución posible. Equivocarnos con la dirección de la embajada, pagar un taxi extra, quedarnos sin turno para las visas del lunes, no recibir pronta respuesta de la cónsul, llevar la cantidad incorrecta de dinero. Por todo eso tomamos la decisión de ir al aeropuerto, solucionar el problema y ahorrarnos, cada uno, 40 dólares.

Con la felicidad desbordada tomamos nuevamente el autobús 51 por tercera vez en el día. Un señor le escribió a Arturo el “51” birmano en el dorso de la mano, presionando fuerte con el lapicero, como queriendo hacerle un tatuaje indeleble y vitalicio.

Se nos había ido casi todo el día en los dichosos asuntos diplomáticos. Decidimos ir al Lago Inya, comer y caminar por la promenade lacustre.

– Te acompaño pero si dejas de decir promenade.

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Parte de la caminata era encontrar la casa de Ang San Suu Kyi, donde vivió en arresto domiciliario 15 de los 20 años entre 1989 y el 2010. Lo logramos. 54 University Road, que actualmente funge como centro de su partido, el National League for Democracy.

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Con los pies destrozados regresamos al hotel. Baño y descanso. Ya entrada la noche fuimos por más Pan Nan con crema azucarada y té dulce, al que le echan leche condensada.

Mañana último día en Yangón, y después inicia el viaje de regreso a México.

Sigue sin contestarnos la cónsul de Tailandia.

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