The teashop of 69th street

Song: Memory Loss by The Radio Dept

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Alarma a las 6 am. Llevo más de una semana sin entrenar y Arturo se ofreció a acompañarme a correr alrededor de la muralla del Palacio Real. Él me esperó estático, obviamente, en el punto de partida y de llegada.

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La muralla es de 2 km por lado, sin embargo, el foso de agua incrementa la distancia acumulada unos cuantos metros.

De regreso al hotel, baño y desayuno. De vuelta con el scooter a visitar, esta vez por dentro, las entrañas del Palacio Real.

Originalmente la residencia real durante el siglo XIX, fue casi destruido en su totalidad durante la segunda Guerra Mundial. Actualmente es un símbolo de identidad nacional y un destino turístico más en la ciudad.

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Típica arquitectura birmana, los principales edificios en su interior son la Torre del Reloj, La Torre de la Reliquia, la Suprema Corte, Los Mausoleos Reales, la Casa de Moneda, el Gran Salón de Audiencias, entre otros.

La luz se cuela por las puertas y ventanas entreabiertas de las casas, y rellena los espacios vacíos de gente. Donde solían deambular los líderes del reino de Burma, ahora quedan solo nostalgias de madera vieja, pilares que ya no sostienen nada, y recuerdos polvorientos.

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Después del templo, nos dirigimos a una pagoda dorada, Kuthodaw, rodeada de cientos de pagodas blancas con lastras de piedra en su interior, como lápidas. Al inicio creímos que era una necrópolis, un mausoleo o un cementerio público. Pero en realidad, cada piedra tallada, es una página del libro sagrado Tripitaka. 1460 páginas de 153 centímetros conforman lo que consensualmente es reconocido como el libro más grande del mundo.

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Visitamos muy vagamente otras dos pagodas en la zona, ambas en trabajos de restauración, y nos fuimos hasta el sur de Mandalay al último templo que nos faltaba: Kyauktawgyi.

Muy simple, con un Buda monumental, parecía un templo narcótico que ponía a dormir a sus visitantes. El resto leía o rezaba. O ambos.

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Comimos por ahí en un Beer Bar, ensalada de tomate y hoja de té. Volvimos al centro a entregar el scooter y a tomar nuestra siesta rutinaria, paliativo del cansancio por andar.

Horas después.

– Tengo ganas de algo dulce.
– Vamos a tomarnos un té.

Enfrente del hotel hay una teashop a donde hemos ido todos los días desde nuestro arribo a Mandalay. Siempre hay té de cortesía sobre la mesa miniatura, con sillas miniatura, en un termo metálico algo oxidado, y niños meseros, Tea Boys, que rondan por las mesas como moscas -también hay moscas de verdad. Se llama al mesero con un beso tronado, como cuija, y entonces se ordena. En la barra, el Tea Master sirve con una mano el té desde lo alto con un chorro hirviente de infusión ámbar, y con el otro le agrega la leche dulce condensada directamente desde una lata de conserva.

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También hay una cajetilla de cigarros incrustada en el servilletero. Arturo fuma y bebe. Yo sólo bebo y bebo, alternando un sorbo de té puro y un sorbo té dulce.

Después de dedicar un tiempo a planear nuestros últimos días en Burma, nos dio hambre. Fuimos al Restaurante Forever.

– Tiene como nombre de bar Gay.
– Va a estar lleno de “Bir-Manas”.

De vuelta al hotel a pagar el checkout: 4 noches, lavandería y renta del scooter 112 mil kyat, 760 pesos por cabeza. Ridículo.

Ahora a empacar y a dormir. A las 5.30 am zarpa nuestro Ferry con destino a Bagán.

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